CIUDAD DE MÉXICO (AP) — El director Gabriel Ripstein recuenta la forma extraordinaria en la que México consiguió organizar su segundo Mundial de Fútbol en 1986, convirtiéndose en el primer país en ser anfitrión de dos copas, en una sátira protagonizada por Diego Luna y Karla Souza en la que sus propias memorias de la década y sus observaciones de la idiosincrasia mexicana pudieron salir a flote.
“Es una oportunidad para asomarse a lo que se supone que no deberías de ver de cómo se organiza un Mundial”, dijo Ripstein en una entrevista reciente a propósito del estreno de la película el 5 de junio en Netflix.
“Yo lo viví ya como un adolescente y le tengo mucho cariño a esa década”, agregó. “Cuando me cuentan esta anécdota de cómo es que México se hace un segundo mundial, pues me pareció una oportunidad fascinante de hablar de algo que me movió mucho las tripas”.
Luna interpreta a Martín De La Torre, un empleado de la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) decepcionado por la mediocridad de su jefe, quien no tiene la intención de luchar para obtener el mundial del 86, sino que planea ir a Suiza en 1983 para “traer chocolates”. Colombia iba a ser originalmente la anfitriona, pero renunció en 1982.
A la vez, De La Torre vive en un matrimonio agrio y solo ve a su esposa para discutir, pero tiene bastante consuelo con Susana (Souza) una vecina de su edificio con la que está teniendo una aventura.
Hasta que un día, harto del ninguneo del fútbol en su país, De La Torre recurre al periodista José Ramón Fernández (quien es en la vida real un reconocido periodista deportivo mexicano) para denunciar a su jefe en televisión en vivo. Consiguiendo así destituirlo y asumir la misión de traer el mundial a México.
“Diego, a mí me parecía el perfecto actor para encarnar esta complejidad”, dijo Ripstein sobre la elección de Luna. “Este tío impresentable, vergonzoso, adorable, pero cabrón, pero tramposo, pero oportunista, pero divertido. Diego tiene una capacidad de comedia tan brutal y una finura en términos de ese retrato de un hombre, con un grado de desesperación y un grado de desconexión, que lo hace muy divertido”.
Envalentonado por su designación al frente de la FMF, De La Torre deja a su esposa y formaliza su relación con Susana, quien será una aliada estratégica muy importante para sus ambiciones.
“Ellos tuvieron un clic de comedia genial”, señaló Ripstein sobre la dupla de Luna y Souza. “Karla tiene un sentido del humor también muy ácido”.
Las características luminosas y otras más oscuras de De La Torre y los ejecutivos que lo rodean, incluyendo al magnate televisivo Emilio Azcárraga Milmo, otro personaje tomado de la vida real, interpretado por Daniel Giménez Cacho, son para Ripstein también un reflejo de México.
“Este mundial solo se pudo haber conseguido así por mexicanos”, señaló.
Pero sus sueños parecen derrumbarse, literalmente, con el terremoto de 1985, que desoló la Ciudad de México y llevó a la FIFA a reevaluar la viabilidad del país sede. De La Torre tiene que luchar una vez más por conseguir el torneo y decide usar precisamente la devastación y la resiliencia como argumento.
“Tenemos una relación muy curiosa con la tragedia”, dijo Ripstein, quien escribió el guion junto con Daniel Krauze. “Esa dualidad, esa complejidad, una tragedia utilizada a favor, yo recuerdo que sí, el mundial vino a hacer un paliativo importante ante un shock brutal que fue el temblor del 85”.
Parecía imposible que México consiguiera un segundo mundial, y la idea de un tercero era bastante remota, pero el país está a punto de volver a ser sede en la Copa que organiza con Estados Unidos y Canadá, que arranca el 11 de junio.
“Es un país surreal, una tercera vez es delirante, pero pues así somos”, dijo Ripstein, director del filme “600 Millas” y la serie “Mentiras”.
Una labor de sastrería
El público que vivió la década de 1980 y los aficionados a la moda vintage se sentirán como en casa al ver el estilo de la película. La diseñadora de vestuario Adela Cortázar destacó que no solo verán uniformes deportivos.
“Todo gira alrededor de sastrería, trajes muy formales”, señaló. “Estamos hablando de esferas de poder y de hombres que tienen para un buen tacuche (traje)”.
Su reto era mayor, pues requerían más de 100 trajes para la película. Confeccionaron trajes nuevos y también consiguieron piezas de la época.
“El trabajo de sastrería es milimétrico para que el buen acabado te dé el período”, señaló Cortázar, quien al igual que Ripstein era adolescente en los 80 y recuerda a “hordas” festejando en El Ángel de la Independencia en la Ciudad de México.
Susana, en cambio, tiene un armario bastante variado y colorido. Muchas de sus prendas son originales de la década.
“Era como un poco un oasis en el desierto”, dijo Cortázar. “Ella es la que realmente nos cuenta los ochentas. Ella es en donde vamos a ver reflejado este universo grandilocuente: sombreros, botas, aretes; fue muy divertido”.
Pero por sobre todas las cosas estaban los uniformes de la selección mexicana, incluyendo a su astro Hugo Sánchez, interpretado por Memo Villegas, y otros equipos internacionales.
“Tenían que ser réplicas lo más exactas posibles”, señaló Cortázar. “Justamente conseguirlos era impagable y además imposible, porque era conseguir al equipo completo”.


