WASHINGTON.- El presidente Donald Trump mezcló la política partidista con exhortaciones patrióticas el sábado al conmemorar el 250º aniversario de la independencia estadounidense, un momento que declaró “uno de los hitos más alegres y gloriosos de todos los tiempos”.
Al hablar en Washington después de que tormentas obligaron a evacuar el National Mall por unas dos horas, Trump rindió homenaje a veteranos, incluidos varios de la Segunda Guerra Mundial y uno de los primeros oficiales negros en encabezar un equipo de Fuerzas Especiales en combate en Vietnam. Aparecieron frente a banderas que simbolizaban algunos de los momentos más significativos y desafiantes de la historia estadounidense, desde la que fue colocada sobre el féretro de Abraham Lincoln hasta la que ondeó en el avión pilotado por los hermanos Wright.
Sin embargo, Trump también se adentró en un terreno partidista inusual para un discurso del Día de la Independencia, que los presidentes suelen aprovechar para procurar unificar al país. En cambio, volvió a promover la Ley SAVE America, un proyecto de ley electoral que enfrenta desafíos incluso de parte de los compañeros republicanos de Trump en el Congreso. Destacó su apoyo a la Segunda Enmienda constitucional —que autoriza el poseer y portar armas— y retomó denuncias del comunismo, que se están convirtiendo en una parte cada vez más central del mensaje de Trump de cara a las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
El discurso coronó un feriado que Trump se ha esmerado mucho por moldear a su propio gusto. Fue presentado por dos intérpretes musicales que suelen aparecer en sus mítines característicos, incluido Lee Greenwood, que interpretó “God Bless America”. En gran medida, los organizadores del evento estuvieron alineados con la Casa Blanca, reemplazando a una organización bipartidista iniciada por el Congreso hace una década.
“Siempre estaremos en la cima”, manifestó Trump. “Nunca dejaremos que nuestro país caiga. Siempre seremos los mejores”.
La expectativa por el emblemático feriado fue creciendo gran parte del año, en una oportunidad para que los estadounidenses reflexionen sobre su compleja historia, en la que solían ser antiguos colonos de un imperio para después convertirse en una superpotencia independiente. Los organizadores de las celebraciones, preparadas durante meses, tuvieron que ajustar o cancelar actividades por completo, ya que gran parte de la costa este se asaba bajo un calor que se acercó y, en muchos casos, superó los 38 grados Celsius (100 Farenheit).
En muchos lugares, el calor es lo que caracteriza el gran fin de semana
En otros lugares, el clima borrascoso provocó la cancelación de las celebraciones en Hartford, Connecticut, al igual que en Harrisburg y Wilkes-Barre, Pensilvania. A los espectadores del espectáculo de fuegos artificiales y concierto de Boston se les dijo que buscaran refugio brevemente, antes de que los eventos se reanudaran más tarde. También se ordenó una evacuación en Filadelfia. Nueva York y Pittsburgh siguieron adelante con los fuegos artificiales, pero modificaron la hora con el fin de adaptarse al clima cambiante.
La interrupción fue particularmente aguda en Washington, donde letreros en la Gran Feria Estatal Estadounidense dieron a conocer una alerta poco después de las 7 de la noche, hora del Este, alentando a los participantes a abandonar el área. Las multitudes se congregaron en museos, estaciones del metro y edificios federales cerca del Mall. En el edificio Ronald Reagan y el Centro de Comercio Internacional aguardaron en sillas y se sentaron en el piso para refrescarse con el aire acondicionado.
Las multitudes iban en aumento en el área varias horas antes de la evacuación. Tina Hale, de 58 años, de Cohoes, Nueva York, observó a tres de sus nietos meter las manos en un estanque de agua cerca de un museo. Hale señaló hacia el cielo y los instó a mirar hacia arriba mientras tres aviones militares rugían sobre la multitud.
“Si eso no te hace sentir orgulloso de ser estadounidense”, expresó.
David Koshko, de 42 años, y su esposa, Jennifer Koshko, de Harrisburg, Pensilvania, fueron a Washington para ver un juego de béisbol, pero planeaban quedarse para el espectáculo de fuegos artificiales de la ciudad. Después de asarse bajo el calor durante horas durante la victoria de los Piratas de Pittsburgh sobre los Nacionales de Washington, se tomaron un descanso a la sombra de un paso elevado cerca del National Mall para planear su siguiente parada.
“Simplemente formar parte de los 250 años (de aniversario del país) es algo increíble”, expresó David Koshko, un conductor comercial y veterano de la reserva del Cuerpo de la Infantería de Marina.
En Filadelfia, los fuegos artificiales comenzaron a estallar ya desde el mediodía en la cuna de la nación, cerca del sitio donde delegados del Segundo Congreso Continental adoptaron la Declaración de Independencia. Cientos de visitantes se reunían en el Independence Hall bajo el sofocante calor para aguardar las celebraciones, que coincidían con el partido de fútbol entre Francia y Paraguay por la Copa del Mundo en el Philadelphia Stadium, el cual comenzó con conmemoraciones del feriado.
“Aquí hay una gran fiesta”, declaró Carlos Alban —quien viajó a Filadelfia desde Chicago para ver el partido— al llegar al estadio, y agregó que vio a un aficionado en el estacionamiento vestido como uno de los Padres Fundadores del país.
En Nueva York, grandes veleros, con sus mástiles, jarcias y velas blancas delineadas contra un cielo azul, realizaron una procesión alrededor de la Estatua de la Libertad y río arriba por el Hudson, lo que evocó la algarabía que se vivió durante el 200º aniversario de Estados Unidos en 1976.
A los 43 barcos les siguió una demostración de poder aéreo con un bombardero furtivo y los Blue Angels de la Armada. La Patrouille de France —los equipos acrobáticos de la Fuerza Aérea francesa— volaron sobre el puerto de Nueva York dejando estelas rojas, blancas y azules, en una evocación de la bandera estadounidense.
“Nos levantamos temprano y simplemente fuimos en bicicleta como una milla hasta aquí para venir a ver la escena”, dijo Oona Moore, una residente de Jersey City, Nueva Jersey, que presenció las festividades de Nueva York. “Vimos los grandes veleros y vimos los aviones, usted sabe, todo tipo de aeronaves militares. Nunca lo había visto tan de cerca y en el cielo al mismo tiempo”.
En la finca Mount Vernon de George Washington, varias personas hicieron el Juramento de Lealtad para convertirse en ciudadanos estadounidenses. Permanecieron con los ojos cerrados y las manos sobre el corazón durante la interpretación del himno nacional.
En Phoenix , Steven Dortch, de 25 años, y su hermano JayLn Dortch, de 23, se reunieron en Granada Park para intentar forjar una nueva tradición de parrillada del 4 de julio. JayLn Dortch dijo que los jóvenes en Estados Unidos le dan esperanza al pensar por sí mismos y no tomar las palabras de las personas mayores al pie de la letra.
Dijo que el país necesita tener presentes a las personas comunes y trabajadoras que “mantienen a Estados Unidos en marcha” .


