ROMA (AP) — El Vaticano advirtió el jueves a un grupo católico tradicionalista disidente que corre el riesgo de caer en cisma si sigue adelante con sus planes de consagrar nuevos obispos sin el consentimiento papal, al fijar una línea dura frente a un importante desafío doctrinal que enfrenta el papa León XIV.
El cardenal Víctor Manuel Fernández, jefe de la oficina doctrinal del Vaticano, emitió la advertencia durante una reunión celebrada el jueves con el superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), el reverendo Davide Pagliarani, informó el Vaticano. La reunión se programó después de que la sociedad, con sede en Suiza, que celebra la misa tradicional en latín, pero no está en comunión con Roma, anunció planes para consagrar nuevos obispos el 1 de julio sin el consentimiento papal.
Fernández ofreció una nueva ronda de conversaciones teológicas para regularizar el estatus de la FSSPX, pero solo si cancela la ceremonia prevista.
La FSSPX ha sido una piedra en el zapato de la Santa Sede durante cuatro décadas; fue fundada en oposición a las reformas modernizadoras del Concilio Vaticano II de la década de 1960, que, entre otras cosas, permitió que la misa se celebrara en lengua vernácula.
La FSSPX rompió por primera vez con Roma en 1988, después de que su fundador, el arzobispo Marcel Lefebvre, consagró a cuatro obispos sin el consentimiento papal, al argumentar que era necesario para la supervivencia de la tradición de la Iglesia. El Vaticano excomulgó de inmediato a Lefebvre y a los otros cuatro obispos, y el grupo hoy sigue sin tener estatus legal en la Iglesia católica.
Pero desde aquella ruptura original con Roma, el grupo ha seguido creciendo, con escuelas, seminarios y parroquias en todo el mundo, y ramas de sacerdotes, monjas y católicos laicos apegados a la misa tradicional en latín anterior al Concilio Vaticano II.
Crecimiento de una iglesia paralela
Según estadísticas propias, la FSSPX cuenta con dos obispos, 733 sacerdotes, 264 seminaristas, 145 hermanos religiosos, 88 oblatas y 250 hermanas religiosas de 50 nacionalidades, una realidad católica que supone una amenaza real para Roma por el espectro del crecimiento de una iglesia paralela.
Para el Vaticano, el consentimiento papal para la consagración de obispos es una doctrina fundamental, que garantiza la línea de la sucesión apostólica desde la época de los apóstoles originales de Cristo. En consecuencia, la consagración de obispos sin el consentimiento papal se considera una grave amenaza para la unidad de la Iglesia y una causa de cisma, ya que los obispos pueden ordenar nuevos sacerdotes. Según el derecho canónico, una consagración sin el consentimiento papal conlleva la excomunión automática para la persona que la celebra y para el supuesto nuevo obispo.
Pagliarani ha señalado en comentarios en el sitio web de la FSSPX que las consagraciones de nuevos obispos son necesarias para la supervivencia de la sociedad, porque los dos restantes están envejeciendo y cada vez son menos capaces de atender las necesidades de los miembros de la FSSPX en todo el mundo.
Oferta de diálogo, con una condición
Durante las conversaciones celebradas el jueves en el Vaticano, Fernández propuso abrir un diálogo teológico con la FSSPX para abordar preocupaciones que han expuesto al Vaticano desde 2017, especialmente en lo relativo a las relaciones católicas con otras religiones.
El objetivo, según el comunicado del Vaticano, sería identificar los puntos mínimos de acuerdo necesarios para que la FSSPX vuelva a estar en comunión con la Santa Sede y delinear un estatus legal para que pudiera existir dentro de la Iglesia.
Pero advirtió que ese diálogo requeriría la suspensión de las consagraciones episcopales previstas. Seguir adelante con ellas, advirtió el Vaticano, “implicaría una ruptura decisiva en la comunión eclesial (cisma) con graves consecuencias para la Fraternidad”.
La FSSPX no ha comentado al respecto.
Al anunciar las consagraciones previstas y en comentarios posteriores en su sitio web, Pagliarani justificó la ordenación de nuevos obispos como “realista y razonable”, dado el número de personas que asisten a las misas de la FSSPX.
Larga historia de diálogo
El Vaticano ha intentado durante años reconciliarse con la FSSPX. El papa Benedicto XVI levantó en 2009 las excomuniones de los obispos sobrevivientes y relajó las restricciones para celebrar la antigua misa en latín.
Mientras ofrecía algunos gestos a la FSSPX, Francisco revirtió la reforma de Benedicto que permitía una mayor celebración de la antigua misa en latín, al sostener que se había convertido en una fuente de división en la Iglesia.
Los tradicionalistas católicos afirman que la ofensiva de Francisco tuvo como resultado empujar a más fieles que estaban en comunión con Roma a los brazos de la disidente FSSPX, ya que no podían encontrar misas en latín permitidas por Roma.
El papa actual ha reconocido las tensiones y ha buscado apaciguar el debate, al manifestar apertura al diálogo y permitir excepciones a las restricciones de Francisco.
El Vaticano, por ejemplo, indicó que León había aprobado explícitamente el encuentro del jueves, que describió como “cordial y sincero”.


