VIENA. Austria (AP) — El Festival de la Canción de Eurovisión alcanzó el sábado su final empapada de lentejuelas, entre estrictas medidas de seguridad y un clima lluvioso que no han logrado mermar el entusiasmo de los fans, ni la oposición de los críticos que creen que Israel no debería estar invitado a la fiesta.
Tras una semana de expectación, artistas de 25 países subirán al escenario del Wiener Stadthalle de Viena para disputarse la corona pop del continente. Millones de espectadores en todo el mundo juzgarán a una apasionada violinista finlandesa, un rapero folk moldavo, una banda serbia de metal y muchos más en el evento del 70º aniversario de Eurovisión.
El concurso, estrafalario y colorido, ha sido comparado con la Copa del Mundo, pero con canciones en lugar de fútbol. Y, igual que los deportes a nivel global, a menudo se ve envuelto en política. Por tercer año, el certamen se ha visto empañado por llamados a excluir a Israel por sus conflictos en Gaza y en otros lugares, con cinco participantes de larga data —España, Holanda, Irlanda, Islandia y Eslovenia— boicoteando en señal de protesta.
Los finlandeses, favoritos, avivan las llamas
El espectáculo inició con una actuación del ganador del año pasado, el cantante austríaco JJ, formado en ópera, y un desfile de banderas al estilo olímpico de los 25 finalistas. Luego llegaron las actuaciones de los músicos, que tienen apenas 3 minutos para conquistar a millones de espectadores que, junto con jurados nacionales de profesionales de la música, eligen al ganador.
Los neófitos que quieran captar la esencia de Eurovisión y su interacción entre el pop y la política no tienen más que fijarse en dos de los favoritos del público durante una semana en la que se celebraron las dos semifinales previas a la gran final.
“Viva, Moldova”, del rapero Satoshi, combina “una actuación impresionante, de altísima energía, con un sutil mensaje político proeuropeo”, de un país que avanza hacia la Unión Europea tras décadas en la órbita de Moscú, explicó el historiador de Eurovisión Dean Vuletic. La canción “Ferto”, o “Bring It” (“Tráelo”), del artista griego Akylas, ofrece una mirada juguetona al consumo ostentoso en un país que aún arrastra las heridas económicas de la crisis financiera de 2008.
Es probable que ambos obtengan una puntuación alta entre los espectadores, aunque los jurados nacionales, que suelen valorar más la excelencia técnica, podrían no quedar tan impresionados. Los ganadores se eligen mediante una combinación de votos de ambos, convertidos en puntos por un sistema confuso incluso para los Eurofans. Gana la actuación con más puntos, y su país obtiene el derecho de albergar la competencia el próximo año.
Finlandia es la favorita en las apuestas con “Liekinheitin”, o “Lanzallamas”, un apasionado dúo entre la voz de la estrella pop Pete Parkkonen y el instrumento de la violinista clásica Linda Lampenius.
Pero Eurovisión suele deparar sorpresas.
“Eurovisión nunca ha sido realmente un concurso para grandes estrellas. En gran medida ha sido un concurso para los menos favoritos”, comentó Vuletic. “A la gente le gusta ver al desvalido en el escenario. Les gusta ver al artista en formación en el escenario o a un artista de un país más pequeño y más pobre en el escenario”.
Una sorpresa sería una victoria de Australia, que participa desde 2015 y ha enviado a la consagrada estrella Delta Goodrem. Su elegante balada de medio tiempo “Eclipse” —y una actuación de bravura en la que se eleva por los aires sobre un piano brillante— ha ido subiendo en las apuestas. Si gana, es probable que un país europeo sea anfitrión por Australia el próximo año.
Protestas expresan oposición a Israel
El candidato israelí Noam Bettan ha sido recibido con calidez en el auditorio en su semifinal a principios de esta semana, aunque cuatro manifestantes fueron expulsados después de intentar interrumpir la actuación del martes.
Las protestas callejeras contra la inclusión de Israel debido a su conducta en la guerra contra Hamás en Gaza, han sido más pequeñas en Viena que en el certamen de 2024 en Malmö, Suecia, y en el evento del año pasado en Basilea, Suiza.
Cientos marcharon cerca del recinto del concurso antes de la final del sábado, algunos con pancartas que decían “Block Eurovision” (“Bloqueen Eurovisión”). Grupos propalestinos también organizaron el viernes un concierto al aire libre bajo el lema “No stage for genocide” (“No hay escenario para el genocidio”).
“Invitar a Israel a un escenario tan hermoso como el del Festival de la Canción de Eurovisión es una afrenta para todas las personas que creen en la humanidad, que creen en el amor y en la unión”, dijo el artista congoleño-austríaco Patrick Bongola, uno de los organizadores.
El boicot de cinco países supone un golpe para los ingresos y la audiencia de un evento que, según los organizadores, fue visto por 166 millones de personas en todo el mundo el año pasado. Este año participaron 35 países, la cifra más baja desde 2003.
Aun así, Eurovisión contempla la expansión, con un derivado, el Festival de la Canción de Eurovisión Asia, que está previsto que se celebre en Bangkok en noviembre.
El director de Eurovisión, Martin Green, instó a los espectadores a dejar la política a un lado y disfrutar del “brillante, maravilloso y sentido espectáculo” que es la gran final del certamen.
Dijo en una conferencia de prensa el sábado que el concurso es una oportunidad durante unas horas para “cerrar las cortinas al mundo exterior y soñar que algo más es posible”.
Vuletic sostiene que la controversia política no es nada nuevo. El primer boicot a Eurovisión fue en 1969 —irónicamente, por parte de Austria, que se negó a enviar una delegación a España, entonces bajo el mando del dictador Francisco Franco.
“Hemos visto ediciones muy politizadas del concurso en el pasado reciente”, indicó Vuletic, incluyendo la edición de 2009 en Rusia, la que se celebró en Azerbaiyán en 2012 y la de 2024 en Suecia, empañado por protestas y por la expulsión de un competidor tras un altercado entre bastidores.
“Todas ellas estuvieron muy marcadas por la controversia política, y aun así Eurovisión continúa”, indicó.
Cómo ver y votar
Eurovisión se emite en las cadenas nacionales de los países participantes, en Peacock en Estados Unidos y en el canal de YouTube de Eurovisión en muchos territorios.
Los espectadores en los países participantes pueden votar hasta 10 veces por teléfono o mensaje de texto durante el programa y durante un breve tiempo después, pero no se les permite votar por la actuación de su propio país. Los espectadores en Estados Unidos y otros países no participantes pueden votar en línea en www.esc.vote.


