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Pedro Juan, el escritor fascinado por la oscuridad en Cuba

El libro fue un sacudón para los intelectuales de la isla por su descripción de la cultura subterránea cubana

AP

LA Habana. — No, nada que ver. El personaje literario Pedro Juan -con una existencia plagada de angustia, sexo y violencia que sobrevive como puede en La Habana-, no se parece en nada al otro Pedro Juan, el escritor, el hombre real, de modales suaves y hablar pausado.

“Nunca pensé que iba a escribir tanto porque creía que no tenía tantas cosas que decir”, reflexionó ante The Associated Press el narrador y poeta cubano Pedro Juan Gutiérrez quien saltó a la fama internacionalmente, casi de la noche a la mañana, cuando su primera obra, “Trilogía sucia de La Habana”, fue publicada por la editorial Anagrama en 1998.

El personaje principal de esa obra se llama precisamente Pedro Juan, un hombre que busca salir adelante en el escabroso contexto de la dura crisis cubana de los años 90.

El libro fue un sacudón para los intelectuales de la isla por su descripción de la cultura subterránea cubana, el erotismo y el uso de un lenguaje cotidiano hasta lo soez; y para la dirigencia política de la isla que vio transgredidos los parámetros que mostraban una Cuba sin fisuras, con bienestar social para todos.

“Estoy muy agradecido a la vida”, enfatizó durante una suerte de balance en el que, dijo, nunca le interesó que su narrativa fuera panfletaria o cultivara ideologías, sino brindar un testimonio de un muy específico sector de la población: los marginales del barrio Centro Habana.

“Tengo muy claro que no estoy haciendo política, estoy dejando una memoria del tiempo y del lugar en que me ha tocado vivir”, dijo Gutiérrez.

Groserías, sexo explícito, pobreza, violencia, alcohol, drogas, prostitución y hasta la agonía de un adolescente abandonado por todos, conformaron ese mundo ficcional aderezado con el chispeante humor cubano y esa sazón de picardía caribeña y mulata que lo hace distintivo.

A la “Trilogía sucia de La Habana” le siguieron “El rey de La Habana”, “Animal tropical” y más recientemente “Fabián y el caos”, otros libros de cuentos y poesía.

El escritor, de 73 años, suma una veintena de títulos publicados y traducidos a más de 15 idiomas, pero sigue siendo un autor incómodo, pese a lo cual jamás dejó de vivir en Cuba ni buscó el exilio. “Creo que soy un poco cabezón”, bromeó.

Aunque sus obras comenzaron a editarse a cuentagotas en la isla en los últimos años, el entusiasmo que provoca entre las nuevas generaciones cubanas es notable, como constató AP durante un conversatorio realizado en marzo, cuya convocatoria se difundió de boca en boca: decenas de menores de 30 años se agolparon para escucharlo en profundo silencio dejando a un costado sus celulares.

Lo mismo le ha pasado en España, México y Colombia, reconoció.

“Para leer mis libros hay que ser joven de espíritu. A lo mejor tienes 60 años, pero eres joven de espíritu”, indicó cuando se le preguntó por su público. “Sé que mi literatura es muy demoledora… a una persona que sea un poco convencional, un poco académica, no le interesa mi literatura o la rechaza tranquilamente”.

Nacido en la provincia de Matanzas en 1950, Gutiérrez fue un típico joven cubano formado al calor de la lucha revolucionaria y sus logros, que incluyeron la masiva alfabetización y la aspiración de un Estado de bienestar.

Cuando el líder Fidel Castro y su guerrilla bajaron triunfantes de la Sierra Maestra, el escritor tenía nueve años.

“Primero corté con la Iglesia católica. A los 13 o 14 años teníamos problemas ideológicos la Iglesia católica y yo, y entonces me metí a comunista. Cosa muy normal si tienes 16 años y vives en un país socialista”, recordó Gutiérrez.

Por esa época también hizo el servicio militar y luego estudió periodismo para terminar trabajando en medios de prensa oficiales. Recorrió un puñado de naciones -incluyendo un viaje a la entonces Unión Soviética, aliada de la isla- y escribió entrevistas, reportajes y crónicas.

“Llegó un momento en que me sentí muy desgastado con los balseros”, rememoró sobre la salida masiva de emigrantes en 1994 en medio de la caída de los países socialistas de Europa del Este -los entonces principales socios económicos de Cuba- y el incremento de la tensión con Estados Unidos.

Fue un punto de quiebre para muchos en la isla que de la noche a la mañana se vio envuelta en una brutal crisis económica y humanitaria.

“Como que llegué a un tope…en los primeros días de septiembre (de 1994) escribí el primer cuento de ‘Trilogía sucia’”, recordó.

Aunque mucho del material de sus historias y personajes es autobiográfico, Gutiérrez también tomó distancia y le dio espacio a la ficción.

“Llegué a Centro Habana cuando tenía 36 años y me quedé asombrado”, explicó el narrador que todavía sigue viviendo en esa barriada a un costado del mar, azotada por el salitre, densamente poblada y escenario de muchas de aquellas primeras historias. “Yo era un periodista normal, común y corriente, de clase media, con un carro, con una familia, con un hijo, con esto y lo otro. Y me ‘shockeó’ (impactó) mucho aquello que vi allí”.

Cuando se publicó su primera obra en el extranjero, una década después, Gutiérrez, con casi 50 años, fue despedido de la revista oficial para la que trabajaba, “Bohemia”. Incluso ahora y pese a haber ganado premios internacionales –como el Alfonso Reyes por su novela “Animal tropical” o el Narrativas del Sur por “Carne de perro”- jamás fue galardonado en Cuba.

Pero incluso a riesgo de ser criticado o atraer detractores, Gutiérrez le hace un guiño al pasado.

“Creo que la revolución (cubana) fue muy necesaria en su momento”, señaló. “Es muy fácil de evaluar ahora, 60 años después, decir ‘se hizo esto o aquello y debió haberse hecho esto otro’. Ahora es muy cómodo evaluar, ¿no? Pero en ese momento yo creo que hicimos lo que teníamos que hacer”.

Actualmente su única definición para sí mismo viene de la espiritualidad: “soy budista”.

Por esas cosas cíclicas de la historia, a casi tres décadas del llamado “Periodo Especial”, la larga crisis económica en Cuba que comenzó tras el colapso de la Unión Soviética en 1991 y que dejó a la población sin alimentos o energía -el marco referencial de las novelas y cuentos de Gutiérrez-, otra vez la nación caribeña atraviesa una delicada situación financiera agudizada por la pandemia de COVID-19 y las tensiones con Estados Unidos.

Pero el escritor prefiere no trazar un paralelismo. “Los años 90 creo que fueron mucho más difíciles, porque de pronto el país se enfrentó a una situación de pobreza extraordinaria, a una situación de desnutrición de las personas. Fue muy fuerte, muy fuerte, muy, muy brutal”.

Él mismo tuvo que salir a la calle a conseguir comida para los suyos, pues su sueldo estatal mensual apenas alcanzaba para un cartón de huevos, relató, y a vender algunos dibujos que hacía a los turistas.

“Esto que estamos viviendo ahora quizás tiene ciertos atenuantes”, reflexionó: más personas residiendo en el extranjero y enviando remesas y una creciente, aunque todavía tímida, apertura a la iniciativa privada.

“Creo que iremos mejorando poco a poco”, indicó. “En todos los sentidos, en cuanto a respeto a los derechos humanos, en cuanto a libertades democráticas, en cuanto a libertades para desarrollar una economía más individual, con pequeñas empresas”.

Por ahora Gutiérrez no piensa en dejar de trabajar. Está preparando algunos volúmenes de poesía -que saldrían en la isla- y un conjunto de cuentos que se remontan a los años 50 y 60, pero no tiene en mente otra novela, ni versiones cinematográficas como la que en 2015 se hizo de su “Rey de La Habana” –filmada en República Dominicana porque no se consiguió autorización para hacerlo en Cuba-, aunque “siempre hay productores dando vueltas por aquí y por allá”.

Lo que sí está claro es que sus personajes seguirán siendo oscuros.

“La gente buena no sirve para la literatura, lo que sirve para la literatura es la gente venenosa, con problemas, con dificultades, los asesinos en serie, la gente mala, la gente demoníaca, la gente que vive en un infierno. Las historias de la gente buena a nadie le interesan simple, sencillamente, porque es aburrido”, sostuvo.

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