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Oficios

Juan Rodríguez Contreras

Desde los 12 años de edad sé lo que es trabajar percibiendo un salario formal. Cuando tenía esa edad mi padre, Don Salvador, laboraba para un taller denominado “Materiales y Forja para la Construcción”, que se ubicaba en la colonia Zaragoza, y el cual era propiedad de Don Encarnación Escamilla, un hombre bueno y trabajador. Papá, quien se desempeñaba como soldador en dicho establecimiento, cierto día, estando yo de vacaciones escolares, me preguntó si no quería irme a laborar al taller, y yo ni tardo ni perezoso le dije que sí, por lo que mi señor padre me recomendó que hablara con Don Chon, quien requería de alguien que recogiera fierros y mantuviera el lugar lo menos sucio que se pudiera, pues limpio-limpio, un taller de soldadura, nunca iba a estar. Así es que empecé a trabajar ahí, donde percibía un sueldo de 2 mil pesos. Aún recuerdo bien cuando me llamaron un sábado para darme mi paga, y me extendieron un sobre amarillo con dos billetes de mil pesos dentro, de esos que traían la imagen de Sor Juana Inés de la Cruz. Para un chamaco de 12 años, recibir en aquel entonces 2 mil pesos, era algo grandioso, pues era una buena suma de dinero. Así que mientras percibí ese sueldo siempre le di mil pesos a mi madre, y me quedaba yo con mil para mis gastos, y vaya que me bastaba y sobraba. En ese taller también hacían ventanas de aluminio, labor que me gustaba, e intenté aprenderla, pero quienes estaban a cargo de esas tareas no se mostraron muy dispuestos a enseñarme. Tras regresar a clases, dejé ese trabajo, pues se requería de tiempo completo, y obviamente mis padres no querían que dejara la escuela, por lo que en mis ratos libres le ayudaba a un señor a hacer monos de yeso, pero como echaba a perder mucho material, no duré mucho tiempo. De chamaco también intenté la carpintería, albañilería y hasta de mecánico, pero siempre batallaba porque mientras yo quería meterme de lleno en el oficio, solo me encargaban tareas de limpieza o de acomodar las herramientas o demás cosas sencillas. Fue entonces que me fui a trabajar al periódico El Diario, ayudándole a mi hermano Toño en sus labores en el área de archivo. Ahí tuve la oportunidad que un día el ingeniero Marco Guillermo Villarreal Marroquín, a mis 14 años de edad, me ofreciera la oportunidad de administrar El Avance de El Diario, un periódico que salía en las tardes y que traía un avance de lo que sacaría El Diario al día siguiente. El proyecto duró aproximadamente dos meses, pues no tuvo éxito, pero en ese lapso me pagaron un buen sueldo. De ahí me pasé al área de circulación, donde también obtenía un buen salario, y más adelante me fui al periódico Laredo Ahora, donde entré como fotógrafo, después como reportero de deportes y luego reportero de Laredo, Texas, y de ahí a El Diario como reportero de Locales, luego al Última Hora y actualmente estoy en Líder Informativo. Y en todos he devengado un sueldo formal. Y claro que mi labor nunca fue fácil, pues si bien es cierto tuve muchos maestros, también me topé con mucha gente a la que le pedía que me enseñara tal o cual cosa que no sabía, y se negaban, eran muy recelosos de su profesión. Muchas veces tuve que aprender por mi propia cuenta, viendo cómo lo hacían los demás, y si alguien no me quería enseñar, pues iba con alguien que sí lo hiciera, no me rendía en ese sentido. Pero sí era difícil aprender, aunque claro que con persistencia e interés siempre se logra dominar el oficio. Y todo esto viene a colación porque hoy en día los chamacos tienen todas las facilidades para aprender un oficio, gracias a la tecnología. Basta meterse al YouTube y ver todo tipo de tutoriales sobre tal o cual labor, dichas con precisión y detalle, que pocos no lo entenderían. Incluso el gobierno ofrece talleres de oficio, para que la gente aprenda ya sea carpintería, albañilería, repostería, mecánica y cuantas cosas más, por lo que evidentemente no aprende el que no quiere, y sobre todo no es emprendedor quien no lo desea. Y lo que son las cosas, en mis tiempos los chamacos teníamos que andar rogando que nos enseñaran un oficio para poder salir adelante, mientras que hoy el gobierno tiene que andarle rogando a los chamacos que aprendan un oficio y así sacarlos de las calles, donde muchos prefieren estar, sin generar una productividad, y por el contrario, siendo una carga para la sociedad.

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