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Irán usa tácticas insurgentes y mantiene un cerco sobre la economía mundial

Tras un mes de guerra

Según las autoridades, una llamarada y una columna de humo se elevan tras el impacto de los restos de un dron iraní interceptado contra una instalación petrolera, el sábado 14 de marzo de 2026, en Fujairah, Emiratos Árabes Unidos. (AP Foto/Altaf Qadri)
AP

DUBAI, Emiratos Árabes Unidos (AP) — Un mes después de que iniciaron una guerra contra Irán, Estados Unidos e Israel se encuentran ante un adversario que combate más como una insurgencia que como una nación, y utiliza recursos cada vez más limitados para infligir el máximo dolor.

A pesar de ser golpeado diariamente por ataques aéreos de dos de las fuerzas armadas más sofisticadas del mundo, el gobierno iraní ha demostrado que puede acosar a sus vecinos árabes del golfo Pérsico y a Israel con misiles y drones, y mantener un cerco asfixiante sobre la economía mundial, principalmente mediante amenazas.

La capacidad de Teherán para controlar el flujo de tráfico —y, por lo tanto, el flujo del petróleo— a través del estrecho de Ormuz es su mayor ventaja estratégica. Y, de hecho, es una táctica que sus propios grupos aliados han adoptado desde hace años, luego de décadas de su tutela como líder del autodenominado “Eje de la Resistencia”.

Mientras tanto, la economía iraní, desligada desde hace tiempo de los mercados globales debido a las sanciones, se encuentra en gran medida aislada del dolor que ahora inflige a otros.

El bloqueo del estrecho ha causado un aumento vertiginoso de los precios del petróleo, una caída en picada de las bolsas globales y un incremento del precio de muchos productos básicos, lo que ejerce presión sobre el presidente estadounidense Donald Trump, y podría llevarlo a intensificar aún más el conflicto.

Si bien Irán ha logrado cierto éxito al bloquear el estrecho, tiene sus propios problemas internos, que Estados Unidos e Israel podrían aprovechar entre más se prolongue la guerra. No obstante, el camino de su teocracia hacia la victoria mediante tácticas insurgentes aún es bastante sencillo: simplemente sobrevivir.

“La República Islámica entiende que no puede derrotar militarmente a Estados Unidos”, escribió Shukriya Bradost, analista de seguridad de Oriente Medio. “En lugar de eso, su objetivo es más simple y más estratégico: sobrevivir a la guerra el tiempo suficiente para proclamar la victoria”.

El estrecho de Ormuz representa un reto clave para Washington

El estrecho de Ormuz, la angosta entrada al golfo Pérsico por donde solía transitar una quinta parte de todo el petróleo y el gas natural del mundo, se encuentra ahora prácticamente libre de tráfico. Irán sólo permite el paso de los cargamentos que desea y a un precio que impone a su gusto. A pesar, incluso, de que casi toda su Armada ha sido destruida, el país puede controlar el paso por esta vía marítima gracias a un arsenal de misiles y drones acumulado durante décadas.

Los países de Asia —los principales consumidores del petróleo que transita por el estrecho— son los que más sufren las consecuencias, pero como el mercado petrolero es global, los conductores en Europa y Estados Unidos también están padeciendo los incrementos de precios. Y dado que el petróleo es tan fundamental para la economía mundial —su costo está integrado en la fabricación y el transporte de muchos bienes—, no son sólo los precios de la gasolina los que aumentan.

Esas son malas noticias para Trump, quien ya tenía dificultades para demostrarles a los estadounidenses que podía reducir el costo de la vida antes de las elecciones intermedias en noviembre.

Poner fin a este conflicto no es sencillo. Una opción sería negociar un alto al fuego, y Trump dice que las conversaciones avanzan, algo que Irán niega.

Si eso fracasa, Estados Unidos e Israel tendrían que decidir que ya han conseguido lo suficiente y retirarse de la guerra, o bien, intensificar drásticamente el conflicto para obligar a reabrir el estrecho. Trump ya ordenó el despliegue de miles de paracaidistas e infantes de Marina adicionales en la región. Asimismo, fijó un nuevo plazo —que ya ha pospuesto dos veces— para que el gobierno iraní reabra el estrecho: las 8 de la noche (hora del este de Estados Unidos) del 6 de abril. De lo contrario, ha amenazado con comenzar a bombardear centrales eléctricas en Irán.

“Lo que Trump prefiere sigue siendo ‘agudizar para luego reducir la tensión’”, señaló el grupo asesor de riesgos Eurasia Group en un análisis publicado el jueves. “Estados Unidos despliega más barcos y efectivos terrestres en la región y estará mejor preparado para intensificar el conflicto a mediados de abril”.

Pero la República Islámica ha demostrado ser resistente a los duros golpes recibidos hasta el momento.

Irán mantiene su capacidad de causar estragos a pesar de haber sido golpeado duramente

Trump indicó el jueves por la noche que aproximadamente el 9% del arsenal de misiles de Irán permanece intacto. No fue posible verificar esa cifra de forma independiente, pero incluso si fuera precisa, Teherán aún tiene maneras de sembrar el caos.

Aunque su aviación está prácticamente destruida y sus defensas antiaéreas muy debilitadas, Irán aún conserva una vasta red de bases aéreas y marítimas, muchas construidas hace décadas.

Más recientemente también ha construido bases subterráneas, las cuales, junto con lanzadores de misiles camuflados como camiones comerciales, le permiten ocultar sus plataformas de lanzamiento hasta el último momento. El mantener los lanzadores móviles en movimiento puede protegerlos de los ataques aéreos.

Esa estrategia, conocida como “disparar y huir”, es un pilar de muchos grupos insurgentes, incluidos los rebeldes hutíes de Yemen. Ese grupo, respaldado por Irán, logró afectar gravemente el transporte marítimo internacional en el mar Rojo. Las milicias chiíes en Irak, también respaldadas por Irán, utilizaron tácticas similares contra las fuerzas estadounidenses. Ambos grupos han sobrevivido —e incluso prosperado— a pesar de ser blanco de ataques constantes.

La geografía y el terreno de Irán —una nación montañosa aproximadamente del tamaño de Alaska, el estado más grande de Estados Unidos— le brindan el espacio y las características ideales para ocultarse como una fuerza insurgente.

No obstante, debajo de la superficie el país sigue enfrentando problemas latentes.

La República Islámica se enfrenta a una población enfurecida y a interrogantes sobre su liderazgo

Tanto los gobernantes estadounidenses como los israelíes han expresado su esperanza de que el pueblo iraní —que en enero desafió a la teocracia del país con protestas a nivel nacional— tome el control de su gobierno, pero no ha habido señales de tal alzamiento y, por el momento, muchos iraníes se resguardan de los ataques aéreos.

La población iraní tampoco olvida la sangrienta represión gubernamental implementada previamente en el año, la cual dejó miles de muertos y decenas de miles de detenidos. La fuerza Basij —compuesta exclusivamente por voluntarios, y que fue clave en dicha represión— de la Guardia Revolucionaria permanece activa, pese a ser blanco de ataques de manera reiterada durante la guerra. Videos en redes sociales muestran a sus combatientes armados patrullar las calles y difundir propaganda a través de altavoces.

En un indicio de que Irán ya siente la presión sobre sus fuerzas, Rahim Nade-Ali, oficial de la Guardia Revolucionaria, declaró que han comenzado a reclutar a niños de 12 años en adelante para la Basij. Lo describió como una respuesta a la demanda popular, pero, a la vez, es una manera de completar sus filas a medida que sus puestos de control son atacados.

Además, persisten las dudas sobre el liderazgo iraní. Mojtaba Jamenei no ha aparecido en público desde que se convirtió en el nuevo líder supremo de Irán, y funcionarios estadounidenses dicen que resultó herido en la guerra. La Guardia Revolucionaria y otras unidades militares parecen operar sin un mando central. Y cualquier acuerdo de alto al fuego que no satisfaga las exigencias de dicha Guardia y de los sectores más intransigentes podría fracturar el liderazgo político del país.

Por otro lado, la presión militar de Trump podría no estar teniendo el efecto deseado.

“Washington parece creer que una demostración abrumadora de poder militar obligará a los iraníes a sentarse a la mesa de negociaciones”, expresó el Soufan Center —un organismo de investigación sin fines de lucro, con sede en Nueva York— en un análisis publicado el viernes. “Pero … Estados Unidos no puede esperar obtener en la paz lo que no pudo conseguir en la guerra”.

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