NUEVA YORK.- Fue una mujer, luego otra y otra, hasta que un goteo se convirtió en una inundación.
Incontables mujeres, y algunos hombres, publicaron en redes sociales que eran Jane Doe, en apoyo a una joven que usa ese nombre para presentar una demanda contra la Universidad de Cornell y siete miembros de fraternidades a quienes acusa de violarla.
Para muchas personas, asumir ese nombre vino acompañado de compartir relatos personales de abuso y agresión sexual, sumándose a la ola de solidaridad que ha crecido desde que periodistas del periódico estudiantil independiente de la universidad informaron sobre la presentación de la demanda a finales del mes pasado.
La motivación para algunas de las personas que adoptaron ese nombre fue el deseo de ofrecerle a la mujer cierta protección en esta era digital, como respuesta a quienes quieren identificar su nombre real en internet. Esperan que la avalancha de publicaciones de “Yo soy Jane Doe” confunda a los algoritmos en línea.
Otro momento de reflexión
Las publicaciones han llegado en todos los formatos —video, foto, texto— en distintas plataformas de redes sociales.
La indignación recuerda a muchas personas la energía en el apogeo del movimiento #MeToo, que estalló hace una década. En aquel entonces, muchas mujeres publicaron sus historias de acoso y agresión sexual a raíz de un caso de Hollywood de alto perfil usando la frase como etiqueta, que se había introducido en ese contexto una década antes.
“Estos momentos… están animando a más mujeres a alzar la voz y contar sus historias”, afirmó Emma Davidson Tribbs, directora fundadora de la National Women’s Defense League. “Les están dando a las personas un nivel de valentía y de tranquilidad para presentarse y decir su verdad. Y pueden ser increíblemente catalizadores del cambio”.
El cambio es lo que Wendy Lea Brewer quiere ver, y eso la inspiró a publicar reels en Instagram con textos que incluían “Yo soy Jane Doe” y “Es hora de hablar”.
Brewer, de 48 años, cantante, tiene su propia experiencia con el abuso sexual y ha hablado de ello en sus composiciones y presentaciones. Pero sentía que estaba “gritando al vacío” y que la gente no prestaba atención.
Indignada tras enterarse del caso de Cornell, se conectó a internet y encontró comunidad en las publicaciones de Jane Doe.
“Estamos todas aquí mismo sintiendo lo mismo, y ya hemos tenido suficiente”, dijo Brewer.
Por lo general, The Associated Press no identifica por su nombre a víctimas de abuso sexual a menos que ellas se identifiquen públicamente.
La protección de la multitud
El uso de seudónimos como Jane Doe en demandas ha aumentado en las últimas décadas, señaló Diana Simon, profesora de derecho en la Universidad de Arizona.
Aunque el sistema legal está orientado a la transparencia, con la expectativa de que las partes en una demanda sean identificadas por su nombre, puede haber situaciones muy privadas o delicadas “en las que sería lo mejor para la persona permanecer en el anonimato”, explicó.
Pero eso no significa que la identidad real de alguien no vaya a salir a la luz, especialmente si la gente la busca.
Por eso Kelsey Combe hizo su publicación de “Yo soy Jane Doe”. La idea era que numerosas publicaciones similares pudieran brindar una forma de protección en línea a la demandante de Cornell si su nombre llegara a revelarse, al dificultar determinar su autenticidad.
“Era para confundir a los modelos de IA y solidarizarme con ella”, comentó Combe, fotógrafa en el centro-norte de Estados Unidos.
Decidió hacerlo después de ver un reel de una creadora de contenido que publica como “women_inamerica”, hablando de lo importante que era. Para cuando Combe publicó algo, ya había generado respuestas de muchas mujeres.
Sin embargo, el intento de sembrar confusión funcionó de una manera que Combe no esperaba: más tarde vio que la IA la había vinculado a ella como la verdadera Jane Doe, diciendo que era Combe quien había demandado a Cornell. Pudo lograr que lo retiraran, pero no sin probar cómo puede ser la crítica pública.
“Fue una situación interesante, porque en el segundo en que di la alarma sobre eso… mucha gente respondía: ‘Bueno, tú pediste esto. Participaste en esto. ¿Qué creías que iba a pasar?’ Y yo pensaba: ‘Bueno, mira eso’”, relató Combe.
Eso sólo subraya lo que los esfuerzos de solidaridad intentan mostrar: que hay problemas sistémicos más grandes que abordar, en lugar de solo casos individuales, indicó.
“Es solidarizarse con ella, pero también reconocer que, hasta cierto punto, somos Jane Doe, creo que la mayoría de nosotras, porque… tenemos nuestras propias experiencias con la agresión sexual”, añadió Combe.
“Así que todas somos Jane Doe hasta que nadie lo sea”.


