WASHINGTON.- El secretario estadounidense del Tesoro, Scott Bessent, anunció el lunes una nueva ronda de sanciones contra Irán, y les advirtió a todos los países que hacen negocios con la República Islámica que corten esos lazos financieros o enfrentarán represalias de Washington.
La promesa del presidente Donald Trump la semana pasada de desatar un “Día D económico” contra Teherán resultó ser una nueva serie de advertencias para aislar a Irán del resto de la economía mundial. Al preguntársele por qué Estados Unidos no estaba imponiendo sanciones secundarias a los socios comerciales del gobierno iraní, Bessent dijo a los reporteros que quería que los países tengan una oportunidad de alejarse de Irán antes de que sea demasiado tarde.
“¿Por qué querría yo hacer estallar el sistema financiero mundial?”, preguntó Bessent.
El gobierno de Trump pasa apuros para encontrar una salida a casi seis meses de una guerra impopular contra un Irán cada vez más obstinado. La disminución en las reservas de armas clave parece haber obligado a los funcionarios estadounidenses a virar hacia la guerra económica, aunque el secretario de Defensa, Pete Hegseth, señaló más tarde que no descartaba reanudar los ataques para golpear a Teherán durante una pausa en las hostilidades.
Washington había prometido que las nuevas sanciones ejercerían aún más presión sobre una economía iraní ya de por sí golpeada por medidas punitivas anteriores y por un bloqueo naval estadounidense.
Pero en el anuncio del lunes se ofrecieron pocos detalles y no se indicó qué países podrían enfrentar sanciones secundarias. China, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos son los mayores socios comerciales de Irán.
“Estamos dejando claras las reglas del juego con cada país para comunicarles nuestras expectativas. Sabemos quiénes son. Ellos saben quiénes son”, expresó Bessent. “Así que, cuando caiga sobre ellos el peso de las medidas del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, no tendrán a nadie más a quien culpar que a sí mismos”.
Bessent indicó que la campaña se llama “Operación Paria Económico”, y señaló que Trump ha estado “haciendo llamadas telefónicas a líderes mundiales con solicitudes específicas para que cesen sus interacciones” con Irán, y que ya ha visto resultados.
Los Emiratos Árabes Unidos anunciaron la semana pasada que suspendían todo el comercio, los intercambios comerciales y las transacciones financieras con Teherán hasta nuevo aviso tras un presunto ataque con misiles contra el país del golfo Pérsico. Bessent indicó que la decisión de los EAU “no fue una coincidencia”.
Poco antes del anuncio, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, dijo que Estados Unidos no se encuentra en una posición económica que le permita restringir aún más las relaciones de Teherán con otros países.
“Los socios comerciales de Irán, tanto en los medios de comunicación como a través de mensajes que nos han enviado, han dejado claro que no toman en cuenta estas declaraciones en absoluto”, publicó Qalibaf en la red social X. Él ha sido el principal negociador iraní durante los últimos seis meses.
Bessent es cuestionado sobre lo que la nueva campaña significa para China
Al preguntársele si Washington apuntaría a China, Bessent respondió que “nadie está por encima del alcance de las sanciones de Estados Unidos”, pese a la frágil tregua comercial vigente entre las dos mayores economías del mundo.
“Si ellos facilitan las transacciones y forman parte del ecosistema que convierte el petróleo iraní en dinero, en represión, serán un blanco”, añadió.
Algunos expertos dicen que es probable que Washington calibre cuidadosamente sus acciones sobre Beijing, apenas un mes antes de la visita prevista del gobernante chino Xi Jinping a Estados Unidos.
Qué tanto importa el anuncio “depende de la agresividad con la que el presidente Trump esté dispuesto a hacerlo cumplir”, señaló Ali Wyne, asesor sénior de investigación y defensa para las relaciones Estados Unidos-China en el International Crisis Group, un organismo no gubernamental enfocado en resolver conflictos armados. “Hasta ahora, pese a amenazar con severas consecuencias económicas a los países que hacen negocios con Irán, en gran medida él se ha hecho de la vista gorda con China”.
El Departamento del Tesoro indicó el lunes que estaba imponiendo sanciones a casi 60 entidades vinculadas a Irán, acusándolas de desempeñar papeles en los programas nuclear y de misiles de ese país, al igual que en actividades cibernéticas y envíos de petróleo.
Eso incluye a Sweet Ocean Industrial Limited, con sede en Hong Kong, y a personas y empresas asociadas, a las que se acusó de ayudar a Teherán a adquirir bienes delicados, tales como equipo de óptica láser. También fue sancionada Shenzhen Huamei, con sede en China, que es un proveedor de servicios para la empresa logística BRE Line, ubicada en Irán, así como la sucursal de BRE Line en Hong Kong, por presuntamente apoyar los programas de misiles y nuclear.
La moneda iraní alcanzó el lunes un nuevo mínimo histórico
Horas antes del anuncio de Bessent, la moneda de Irán alcanzó un mínimo histórico.
El rial cayó a 2,02 millones por dólar estadounidense al abrir las operaciones en los mercados de divisas. La tasa oficial del Banco Central de Irán se situaba aproximadamente en 1,5 millones de riales por dólar, pero la mayoría de los iraníes paga la tasa del mercado.
La moneda ya enfrentaba presiones incluso antes de que Estados Unidos e Israel atacaran Irán el 28 de febrero, con una inflación de dos dígitos y un crecimiento negativo. El rial ha ido marcando nuevos mínimos históricos a lo largo de casi seis meses de guerra, que han cobrado un costo aún mayor.
Los iraníes encuentran cada vez más inasequibles los productos básicos. Desde que empezó la guerra, el arroz ha subido aproximadamente el 60%, y los precios de la carne de res han sufrido un incremento de más del 150%. El Fondo Monetario Internacional pronostica que el PIB se contraerá más del 5%.
Aun así, la presión económica aún no se ha traducido en presión política. Irán conserva una ventaja estratégica: sus ataques y amenazas contra barcos en el estrecho de Ormuz han provocado que el tráfico en la vía marítima se estanque casi por completo, perjudicando la economía mundial y acumulando presión sobre Trump de cara a las elecciones legislativas.
A consecuencia de ello, la guerra se ha convertido en una lucha por el control del estrecho, por el que en tiempos de paz transitaba una quinta parte del petróleo comercializado a nivel mundial antes del conflicto. Ahora Irán se niega a su reapertura total, a menos que pueda cobrarles a los barcos.
De acuerdo con algunos reportes, Irán y Omán —que se ubican a lados opuestos del estrecho— se encuentran en las etapas finales de un acuerdo sobre un plan de gestión conjunta de la vía marítima. El ministro de Asuntos Exteriores de Omán tiene previsto viajar el martes a Irán.
Una delegación paquistaní visita Irán
Pakistán, que desempeñó un papel clave en la negociación de un alto el fuego de 60 días en junio, envió el lunes una delegación de alto nivel a Irán para alentar a Washington y a Teherán a volver a las negociaciones, indicaron dos altos funcionarios. Ambos hablaron a condición de guardar el anonimato porque no están autorizados a declarar a los medios.
Las fuerzas armadas sólo confirmaron la visita del mariscal de campo Asim Munir, diciendo que su objetivo era reducir las tensiones en la región.
Trump habló con Munir antes de la visita del jefe del ejército a Irán, según una persona familiarizada con la conversación, que habló a condición de guardar el anonimato para confirmar una conversación privada. Reuters informó primero sobre la llamada, citando fuentes paquistaníes.
Munir se reunió en Teherán con el ministro del Interior iraní, Eskandar Momeni, según los dos altos funcionarios. Munir estuvo acompañado por el ministro del Interior paquistaní, Mohsin Naqvi, y otros funcionarios. Se tenía previsto que Munir pernoctara en Irán y se reuniera con el presidente iraní y otros altos funcionarios antes de regresar a Pakistán.
Su visita previa a Teherán en mayo ayudó a allanar el camino para un memorando de entendimiento firmado por Estados Unidos e Irán en junio.
En el centro de la capital iraní, Sadegh Mahmudi, de 73 años, no alberga esperanzas de que haya una resolución. Se sumó a una fila de unas doce personas para comprar dólares estadounidenses con sus ahorros restantes con el fin de protegerse contra nuevas caídas en la moneda local.
“No hay esperanza de un acuerdo ni de que haya paz”, subrayó.


