Monterrey, Nuevo León — El pasado 6 de abril en Monterrey, La Luz del Mundo no solo inauguró su año centenario, sino que también ofreció una ventana para observar la magnitud de su desarrollo institucional a lo largo de cien años.
El evento, que reunió a miles de asistentes, sirvió como punto de partida para una reflexión más amplia sobre la expansión de la Iglesia desde su fundación en 1926 hasta su consolidación como comunidad global. En la misma ciudad donde comenzó su historia, hoy se evidencia el resultado de décadas de crecimiento sostenido.
Uno de los elementos más visibles de este desarrollo es la infraestructura. A lo largo de cien años, la Iglesia ha construido miles de templos en distintas partes del mundo, creando espacios que funcionan no solo como lugares de culto, sino también como centros de reunión, aprendizaje y convivencia.
Este crecimiento físico ha estado acompañado por el desarrollo de capital humano. La formación de ministros y misioneros ha sido clave para la expansión de la Iglesia, lo que ha permitido establecer comunidades en diversos contextos culturales.
El arranque del centenario en Monterrey permite comprender este proceso desde una perspectiva integral. No se trata únicamente de recordar el pasado, sino de visualizar cómo una organización ha logrado construir una estructura global a partir de un origen local.
Las celebraciones que siguen a este evento inicial incluyen actividades que destacan este desarrollo, ofreciendo a los participantes la oportunidad de conocer más sobre la historia, la evolución y el impacto de la Iglesia.
A cien años de su fundación, La Luz del Mundo se presenta como una organización que ha sabido combinar crecimiento institucional con desarrollo comunitario, proyectando su futuro sobre una base sólida construida a lo largo del tiempo.



