Se necesita ser chairo o loco, para entender al Presidente Andrés López Obrador.
Ahora resulta que los anarquistas que se identifican como anarquistas y causaron daños por más de 100 millones de pesos al destruir vidrieras, dañar el equipamiento urbano, quemar una librería y causar destrozos múltiples, no son tal, sino conservadores.
Mal hace López Obrador en querer modificar el significado de las palabras ya definidas. Si tiene aspiraciones lingüísticas, que invente nuevas palabras.
Dice además que no se les detuvo en flagrancia para no caer en provocaciones.
Asegura que se va a investigar, se va hacer respetar la ley, pero sin usar la fuerza.
O sea que los anarquistas pueden estar tranquilos. Nadie los va a molestar mientras cometen desmanes. Ya después se les va a investigar con la certeza de que no se les va a detener, porque se violentarían sus derechos humanos. Y eso sería una provocación.
Con las declaraciones de López Obrador, sumadas a la de la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, en el sentido de que se vigilarán las futuras manifestaciones, pero sin reprimir, es decir, sin detener a nadie, los anarquistas se van a dar vuelo. Tienen patente de corso.
Los que deben estar preocupados y muy mortificados son los comerciantes de la Ciudad de México. Ya saben que si la autoridad no los protegió durante la jornada del jueves, tampoco lo hará más adelante, porque es provocar a los vándalos.
El problema es que si se repiten las jornadas vandálicas pronto habrá cierre de negocios y habrá gente que se quede sin trabajo. La gente trabaja por necesidad y porque tiene una responsabilidad con su familia. No se vale que no se actúe en contra de esos vándalos, en perjuicio de comerciantes que generan empleos.
En otro tema, con la elección de Edna Rivera López, como coordinadora de los diputados de Morena, se fortalece el proyecto del alcalde de Madero, Adrian Oseguera Kernión.
Para Adrian Oseguera era importante controlar a la fracción de Morena en el Congreso.


