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Un viaje al mundo de Urs Fischer

El Museo Jumex alista la primera muestra individual en Latinoamérica del suizo Urs Fischer: 'Lovers', que recorrerá 20 años de trayectoria

Nacido en Zúrich, en 1973, Fischer es reconocido como uno de los artistas más celebrados de su generación en la escena contemporánea. Foto: Chad Moore, [Cortesía Urs Fischer]
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Instalada en la plaza del Museo Jumex, una nueva escultura monumental de su serie «Lovers», cuyas piezas representan a dos amantes en un apasionado abrazo, abrirá para los mexicanos la puerta al mundo del suizo Urs Fischer, un creador para quien los objetos o cuerpos en colisión son un concepto clave en su obra.

«‘Lovers’ obedece a esta idea de dos objetos colisionando, como los amantes que colisionan de una forma apasionada; dos objetos juntos logran algo mucho más bello», señala en entrevista desde su casa en Nueva York.

La pieza está en desarrollo y se realiza de manera ex profeso para el Jumex.

Nacido en Zúrich, en 1973, Fischer es reconocido como uno de los artistas más celebrados de su generación en la escena contemporánea, y el próximo año presentará en el recinto de Nuevo Polanco su primer solo show no sólo en el País, sino a nivel América Latina.

Una retrospectiva que recorrerá 20 años de trabajo, bajo el título, precisamente, de Lovers.

Fischer ha exhibido tanto en la Bienal de Venecia como en el Centro Pompidou de París, destacando, principalmente, como escultor, aunque comenzó su trayectoria como fotógrafo, tras haber estudiado en la Schule Für Gestaltung de Zúrich.

Sus primeras obras se exhibieron en los 90, y su práctica se ha extendido a otros lenguajes, como dibujo, pintura y ediciones con diversos materiales y procesos.

Aunque la escultura predominará en la exposición del Jumex, Fischer asegura que en los últimos años se ha preocupado por incluir más pintura en su producción.

Pero hay convergencias: Sus instalaciones y esculturas a gran escala, por ejemplo, plantean «géneros tradicionalmente evocados en la pintura: retratos, paisajes, desnudos y bodegones», como destaca la galería Gagosian, que lo representa. Con una variedad de materiales escultóricos ricos y a menudo «impermanentes», puede yuxtaponer tierra, metal, arcilla, plástico con pan, frutas y verduras.

«Mi material favorito para trabajar es mi mente y mis sentimientos», acota Fischer. «No importa el soporte, el material principal está en mí».

También ha trabajado la cera, en la década de 2000. «Es un material de gran belleza y sensualidad».

Las primeras esculturas, añade, eran formas figurativas «toscamente talladas».

Y ha acudido también a los desnudos clásicos de la historia del arte, desde Grecia y Roma hasta el Renacimiento. «Siempre estas figuras idealizadas en extrañas posturas que nadie adopta en la vida real», ataja.

Ese trabajo lo condujo hacia el retrato escultórico en cera a partir de Standing (2010), una comisión del coleccionista Peter Brant, a quien representó de pie detrás de una silla vacía.

Esta obra iba llevar el nombre de la esposa del magnate estadounidense, quien había encargado retratos de su mujer a diferentes artistas, como a Maurizio Cattelan y Julian Schnabel. Pero, en el transcurso de creación, la pareja se separó y la escultura cobró un significado emotivo que no estaba en los planes de Fischer, quien hizo una segunda escultura con Brant sentado en una silla.

Su retrato más reciente es de Leonardo Di Caprio, a quien conoce desde hace una década, con sus padres, Leo (George & Irmelin) (2019).

Los padres de la estrella de Hollywood se separaron cuando él tenía 3 o 4 años y no se hablan, jamás, comparte Fischer, quien, padre de dos hijos, trató de reunirlos para el proyecto. George, el padre, platica con Leo mientras Irmelin abraza a su hijo. Una reflexión sobre las relaciones familiares.

«(Los retratos) casi siempre son de gente que conozco o de personas que me parecen arquetípicas, como uno de mis amigos que parece siempre cargar el peso del mundo sobre sus hombros», añade.

Otro de sus retratados es el italiano Francesco Bonami, amigo que fuera director artístico de la 50 Bienal de Venecia y ahora curador invitado del Jumex para Lovers.

Bonami describe a Fischer como un «artista arquetípico como creador y artesano, pero al mismo tiempo completamente innovador en la forma que usa la tecnología, no sólo para mostrar su talento sino para abordar nuevas relaciones entre humanos y objetos».

El artista, por ejemplo, suele encender sus esculturas en cera, como velas, para que en el curso de su exhibición sufran una metamorfosis. En la Bienal de Venecia de 2011 presentó una copia de la escultura El rapto de las sabinas (1582), de Giambologna. El pabilo monumental de la pieza fue encendido, derritiendo lentamente la obra.

En el Jumex también dos retratos en cera se derretirán en el transcurso de los cinco meses de la exposición.

«Una frustración que experimento con la escultura es lo estático», admite el artista. Con la misma fascinación que de niño le producía ver cómo se derretían las velas durante la cena, al encender sus esculturas el artista parece dotarlas de vida. «Al activarla, se da un proceso de deterioro. Es una manera de relacionarse».

Aunque Fischer prefiere hablar de «metamorfosis» en lugar de descomposición para describir esa gradual transformación.

«La manera en que nos relacionamos con la palabra descomposición posee en mí un subtexto negativo. Diría metamorfosis porque, en mi entendimiento, descomposición se refiere a algo que pierde su estado ideal. Mientras envejezco, pierdo mi estado ideal, pero es una metamorfosis», ataja con una carcajada.

No es raro que Fischer produzca esculturas con las cuales el espectador puede interactuar. «Todo el mundo quiere tocar una obra de arte. Me parece normal. ¿Por qué habría una distancia?», cuestiona.

En la feria de Art Basel 2019 mostró una de sus piezas de arcilla modelada a partir de El beso (1882), de Auguste Rodin, con la idea de que el público pudiera tocarla.

«Hay dos formas en que hago piezas para interactuar. Una es proporcionar el material y un simple marco de referencia, y a partir de ahí darle una forma final, como es el caso de (El beso) de Rodin. O bien, parto de una forma final y enciendo la vela. Eso para algunas personas puede resultar agresivo y frustrante: destruir algo en lugar de crear juntos. Pero, en todo caso, ¿cuál es la diferencia?», plantea.

Fischer hace del espacio también su material de trabajo al abrir huecos en las paredes de galerías y museos para ofrecer una nueva perspectiva al espectador, algo que no le parece distinto a la escultura, capaz también de modificar el espacio.

«Algo interesante acerca de la escultura es que no te pierdes en ella, no es ficticia; en la fotografía o un cuadro puedes penetrar, pero en la escultura compites con la realidad. Estás en relación directa con la realidad espacial con otros objetos».

La muestra «Lovers», de Urs Fischer, reunirá obras de colecciones públicas y privadas internacionales, además del archivo personal del artista. [Foto: Cortesía Museo Jumex]

UN GRAN BUFFET

La muestra Lovers reunirá obras de colecciones públicas y privadas internacionales, además del archivo personal del artista.

«Quizá suene un tanto superficial, pero siempre he creído en el arte como algo que comunica, no sólo en el arte por el arte», dice a propósito de cómo deseaba su desembarco en el Museo Jumex, su primera exposición individual en México y América Latina.

Fischer propone un símil gastronómico para describir su retrospectiva que, sin un orden cronológico, mostrará la diversidad de su práctica e intereses: «Un gran buffet del cual servirse para que la audiencia disfrute».

La muestras abarcará tres pisos y la plaza del recinto, ubicado en Miguel de Cervantes Saavedra 303.

De acuerdo con la institución, una de las obras a desplegarse es Teardrop (2019), descrita como una piscina reflectante bordeada de plantas y en el que cae una gota de agua cada minuto.

Se incluirá también la instalación inmersiva a gran escala Melody (2019), con 6 mil gotas de lluvia hechas en yeso, colgadas dentro de una de las galerías. Así como Maybe (2019), dos caracoles mecanizados de tamaño natural moviéndose de forma lenta y constante.

Mientras que en el primer piso se exhibirá la escultura en tamaño natural de un rinoceronte rodeado de objetos de consumo, titulada Things (2017).

Fischer desembarcará en el Jumex el 2 de abril, en exhibición hasta el 18 de septiembre.

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