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Dejeme y le platico de un libro

El talkshow mediático

Jaime Elio Quintero

Déjeme platicarle, amigo lector, acerca de una interesante publicación suscrita por Álvaro Cueva -locutor y comentarista de la televisión nacional y de la radio, a la vez que columnista del diario Milenio-, el pasado 10 de noviembre del año en curso, bajo un título demoledor, que por razones de técnica en el desarrollo de un ensayo periodístico, se omite a fin de que el ensayista pueda mirar e interpretar en tercera persona, lo escrito por el articulista en mención sobre el tema mediático-electrónico, que empujó a buen puerto, la campaña política del ahora candidato electo Donald Trump.

No hay, en el presente texto, alguna predisposición a nada, tan solo el ánimo e interés de compartir con usted, amigo lector, la relevante importancia que la comunicación, en cualquiera de sus líneas de especialización, tiene en la percepción y fijación sicosociológica de las ideas y mensajes difundidos masivamente (para este caso, los electrónicos principalmente).

Advierte el comunicador Cueva, que si la televisión mexicana (incluida en la que él trabaja) no aprovecha el triunfo del Sr. Trump para hacer un ejercicio de reflexión, no estará cumpliendo con la principal función y responsabilidad social que le corresponde. Atribuye, con solventes líneas argumentativas, que la televisión en lo general, en su desmedida pretensión de lograr ratings de audiencia, divulgó con insistencia, durante las precampañas y campañas electorales, una imagen negativa del entonces candidato, lo hizo aparecer como el anticristo, Hitler y el diablo en persona.

¿Hasta qué punto, los canales de televisión mexicanos ayudaron al triunfo del candidato republicano, al satanizarlo hasta la ignominia? ¿Hasta qué punto, toda esta catástrofe financiera y de depresión social que se vive actualmente en México fue preparada indirecta o directamente por las televisoras nacionales? Cómo evitar el pánico financiero (la compra de dólares americanos), si durante meses y meses los canales televisivos advirtieron con inusitada insistencia, que si el Sr. Trump ganaba, a México le iría muy mal.

Indudablemente, son innegables éstos y más de los argumentos del señor Cueva en su exposición, pero ¿quién magnificó el discurso antirracista y xenofóbico del candidato Trump, ciertamente legítimo (los resultados electorales lo confirman)? Que si el muro, que si el libre comercio, que si las deportaciones, que si las mujeres y otros temas más, todos absolutamente mediáticos, escandalosos y amarillistas, que bien supo explotar y capitalizar su bien organizada campaña política.

¿A qué elector estadounidense -pregunto yo-, no le viene bien que se proponga echar del país a los inmigrantes con antecedentes delictivos? ¿A qué elector estadounidense no le resulta lógico o conveniente que se continúe con la construcción del muro fronterizo, y el endurecimiento de la política anti-migrante ilegal? ¿A qué elector duro, machista y ultraconservador (de los muchos que hay en el medio oeste estadounidense), no le agrada que se hable de la subordinación de las mujeres?

Este aprovechamiento oficioso y gratuito de los medios, es lo que sustenta el postulado central de la tesis del Sr. Álvaro Cueva. A esta contribución comunicacional se debe -en su opinión-, el triunfo del presidente Trump, al márquetin y a la excesiva comercialización del discurso de campaña, bien medido y segmentado correctamente por el estratega de campaña.

Esta plataforma electoral (la del odio, la discriminación y más), fue lo que ciudadanizó la elección de Trump, con este pool de temas y postulados electorales, el estratega de campaña, sacó del contexto de los desprestigiados partidos y de las desgastadas clases políticas, la campaña de Donald Trump y lo convirtió en un candidato ciudadano y representativo, no republicano, pues para esas fechas (en las que hubo cambio de estratega de campaña), Trump ya era rechazado por distinguidos miembros de la misma organización política que lo postuló.

No hay duda; tremenda fue la experiencia política para quienes siguen, observan y diseñan campañas electorales. Por fin quedó demostrado, por si algunas dudas había, que las masas de población (mercado electoral) no tienen impulsos propios, que obedecen a los reactivos que sobre ellas se viertan.

Y ésa precisamente, es la razón principal por la que los medios, los electrónicos ciertamente, son indispensables en la vida democrática de corte liberal. Por tanto, entre mejor sea su calidad y transparencia, mejor será la calidad de las democracias y la transparencia de los mercados.
GRACIAS POR SU TIEMPO.

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