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‘La Meche’ desnuda intimidades de Juan Gabriel

Mercedes Álvarez tenía 17 años cuando conoció al artista, quien para 1966 se hacía llamar Adán Luna y contaba con 16 años

En un libro biográfico, la amiga del 'Divo de Juárez' relata pasajes. [Agencias]

CIUDAD DE MÉXICO.- Al conmemorarse tres años de la muerte del cantautor mexicano Juan Gabriel, Mercedes Álvarez, quien fue su gran amiga en los inicios de su carrera, sostiene que sus hijos biológicos no son producto de una relación sexual con la madre de ellos.

Supone que pudieron lograrse a través de otro método, según lo plasma en el libro: No soy Meche la de Juan Gabriel, escrito por Fausto Lozano, y en el que relata, entre otras cosas, cómo fue su relación amistosa con el artista, antes de que alcanzara la fama y hasta el día de su muerte.

´Ella duda que las cosas se hayan dado de la manera en que lo narran las mamás de sus hijos, pues no cree que Juan Gabriel tuviera un gusto por las mujeres y menos que llegara a una relación sexual. Si hay resultados positivos fue mediante otro método´, sostiene Meche, refiere el autor en entrevista.

De acuerdo con Lozano, Meche ha pedido a los hijos del “Divo de Juárez” que ya lo dejen descansar y no provoquen tanto pleito, que mejor hagan su vida fuera del artista.

Ella sí cree que su amigo esté muerto, pero se refiere a Adán Luna o bien, a Alberto Aguilera, pero metafóricamente señala que Juan Gabriel sigue vivo. Aceptarlo, fue muy doloroso”.

Mercedes Álvarez tenía 17 años cuando conoció al artista, quien para 1966 se hacía llamar Adán Luna y contaba con 16 años. Tras haber sufrido abuso sexual desde niña, la vida la orilló a ejercer la prostitución en Ciudad Juárez, Chihuahua.

Ya en el oficio, se topó con el ídolo mexicano, quien para entonces tocaba su guitarra a las afueras de bares y cantinas hasta que ella logró colocarlo en el escenario del afamado bar “Noa Noa” como cantante de Los Prisioneros del Ritmo.

Meche convenció a los músicos para que aceptaran a Juan Gabriel, pues como era menor de edad el acceso al lugar no era fácil. A partir de ese momento, ellos viven un periodo de cuatro años felices hasta que él viaja a la Ciudad de México”, comenta.

Aunque se ha dicho que fueron pareja sentimental, a través de las páginas ella aclara que no fue así, que siempre se vieron como amigos, prácticamente como hermanos.

En aquel tiempo tenían situaciones de vida muy parecidas, eran dos personas a las que su familia los alejó, pero eso los unió, pues entre ambos crearon su propia familia. Ella relata que mientras salía a talonear, él iba a cantar en los bares y camiones para recolectar dinero”.

Por la mañana, dice, salían juntos de sus habitaciones en el hotel que rentaban y se volvían a ver hasta la noche, pero siempre estaban pendientes uno del otro, acompañándose.

Aunque él se relacionó con otras mujeres que ejercían la prostitución, fue con Meche con quien tuvo más confianza; incluso, le compuso el tema Meche. “Me dijo que Juan Gabriel era muy hermético en lo referente a su vida personal, pero a ella le contaba todo. Por momentos se sintió hasta su mamá porque lo cuidada mucho y él le respondía protegiéndola con mucho cariño”.

Estando en la Ciudad de México, en busca de una casa discográfica, el cantante fue acusado de robo. Aunque era inocente, fue recluido en la Penitenciaría de Lecumberri y desde ese lugar le escribía cartas a su madre.

Meche hizo una colecta con los amigos de Ciudad Juárez. El objetivo fue apoyarlo económicamente mientras estuviera en prisión. Cuando consigue la libertad, lo firma la disquera RCA y comienza su fama.

Aunque sus visitas a Ciudad Juárez se volvieron ocasionales, no perdió contacto con su amiga, a tal grado de que la involucró en el proceso creativo durante el rodaje de la película El Noa Noa (1981).

La idea original del director es que ella se interpretara a sí misma, pero en aquel tiempo estaba embarazada, por lo que Meche Carreño hizo al personaje.

“Estando embarazada, Meche Álvarez se va a vivir con Juan Gabriel y él la apoya; incluso, habían hablado de que él adoptaría a su hijo, pero se involucró una tercera persona y luego otras que vieron en ella una amenaza, por lo que se separan”.

Más adelante tuvieron otros encuentros, pero la relación se había fracturado. La última vez que se vieron fue en 2015, cuando se inauguró un mural en honor a Juanga en Ciudad Juárez.

Se saludaron y hubo un abrazo cordial, pero entre tanta gente no tuvieron la oportunidad de platicar y un año después, él pierde la vida. El cariño entre ellos siempre fue verdadero, pero las circunstancias los separaron”.

Convencer a Mercedes Álvarez para que relatara su periodo de vida al lado de Juan Gabriel le llevó un año al escritor, pues ella tenía cierta desconfianza para revelar sus intimidades con el cantante. Sin embargo, lo hace para aclarar ciertos temas.

Al volverse un personaje relevante en la vida del intérprete, ella despertó el interés de la gente y medios de comunicación, por lo que comenzaron a generarse mitos respecto a situaciones de que vivió en una casa y la perdió, entre otras cosas.

“Por eso, a través del libro decide hablarlo todo, pues de alguna forma ella perdió su identidad cuando se le empieza a identificar como algo perteneciente o existente a raíz de Juan Gabriel, mientras que su historia de vida va más allá de eso”.

En No soy Meche la de Juan Gabriel, Mercedes Álvarez narra que a lo largo de su vida se enfrentó al abuso sexual, sufrió maltrato, misoginia y padeció los feminicidios en Ciudad Juárez.

“Ella está consciente de sus errores, de que su vida no ha sido perfecta, pero quiere dar testimonio de su vida. En el libro se hace un análisis de cómo una mujer de la frontera tiene que sobrevivir a unas circunstancias que la obligaron a una vida nocturna siendo adolescente.

A pesar de todo, ella fue resolviendo su vida. Es una mujer muy fuerte, aunque en muchos momentos se quiebra; algunos de los pasajes de su vida fueron tristes y desesperantes. Sin embargo, ella siguió y hoy está entera. Para mí fue un aprendizaje haberla conocido y escucharla”, puntualiza Lozano.

Después de ejercer el oficio de la prostitución, a los 40 años trabajó en diferentes puestos dentro de bares como el “Noa Noa” y “El Palacio de las Estrellas”.

Hoy tiene 70 años, está pensionada y vive en una situación precaria, por lo que recibe la ayuda de varias personas y las regalías por la venta de su libro biográfico. Tiene tres hijos.

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