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La importancia de vestir historias en el arte escénico

El vestuario es uno de los elementos más importantes para dar vida a un texto sobre el escenario, pero no es un proceso sencillo

Mario Iván Martínez, tras bambalinas, trabajando en uno de sus diseños de vestuario. [El Universal]
El Universal

CIUDAD DE MÉXICO.- El teatro deja imágenes maravillosas en el público. Una de ellas ha sido ver bajar a Daniela Romo de una lujosa escalinata luciendo un maravilloso vestido rojo para el musical «Hello, Dolly!», también admirar a Van Gogh caminando en una ciudad francesa de finales del siglo XIX, personificado por Mario Iván Martínez.

El vestuario es uno de los elementos más importantes para dar vida a un texto sobre el escenario, pero no es un proceso sencillo. Puede llevar meses de preparación que van desde una investigación detallada, hasta cuidados especiales.

Estela Fagoaga, una de las diseñadoras teatrales más reconocidas en México, destaca que su labor no sólo consiste en dotar de una imagen a los personajes, sino de entender todo un contexto detrás de la trama.

«Es algo de sensaciones, de qué queremos ver en el escenario, a qué queremos que sepa nuestra obra; empezar a traducir todo eso en colores, en formas, en siluetas. En eso que quiero ver», asegura.

Uno de los primeros pasos es descubrir la personalidad de cada personaje, en especial si se trata de uno histórico: hay que saber cómo vestiría o qué colores usaría, aunque pueda parecer estético, pero incluye contextos económicos, sociales y hasta religiosos.

Si alguien sabe la importancia de este tipo de investigación es Mario Iván, quien justo se ha vuelto experto en vestuario histórico, en el que se debe conocer desde las técnicas de la época, hasta los acabados. Para ello, trabaja con sastres y costureras especializados, como el maestro Jesús Lobato.

«Él es muy cotizado porque sabe muy bien que si hace un traje del siglo XVIII masculino no debe llevar hombreras, porque todavía no se estilaban entonces. Hay que trabajar con realizadores que conozcan para que se conjugue el conocimiento práctico de la costura, lo histórico y un diseño específico», dice Martínez.

Hay puntos a considerar que se escapan del conocimiento general, como que se toma en cuenta el foro en donde se va a presentar el montaje; detalles como si es grande o chico. Ahí es importante el trabajo coordinado por el diseñador de escenografía e iluminación.

La «biblia» del vestuarista
Otros elementos, como las medidas de un actor o hasta en qué tienda se consiguieron los materiales, se añaden a lo que en el argot teatral llaman la «biblia», un registro que sirve de guía para reparar o replicar esos diseños en caso de ser necesario.

Este libro de diseños y especificaciones es fundamental para el desarrollo de todo el vestuario, cuyo tiempo de confección es muy relativo, según explicó Fagoaga. El musical «Hello, Dolly!», por ejemplo, tardó seis meses desde que recibió el libreto hasta que estrenó; Billy Elliot llevó ocho meses.

«(Este trabajo) es como ser el productor pero sólo en la parte del vestuario, es un asunto muy especializado; es como hacer la lista del súper, con ella repartes y organizas las tareas de todo el mundo, eres la conexión entre el diseñador, los actores, los realizadores y la producción».

Mario Iván considera que el diseño de vestuario incluso invita a reflexionar sobre cómo ha cambiado la moda con el tiempo: «El hombre ha sido víctima constante de todos sus cambios sobre todo en el siglo XIX, donde por revolución industrial cada 10 años había un cambio».

Oficio incomprendido
A pesar de la importancia del diseño de vestuario, Estela Fagoaga asegura que este trabajo no es valorado por algunos productores que piensan que cualquiera puede resolver o sobre lo cual todos pueden opinar.

«No saben a cuántos teatros he llegado preguntando ‘¿el técnico de vestuario?’, y me responden, ‘no tenemos’. Creen que cualquiera mantiene las prendas, es entonces cuando vienen las llamadas de ya quemé el vestuario u olvidé lavarlo a tiempo; además no está bien pagado y hay que estarse peleando por los presupuestos».

Cuántas funciones se dan a la semana, si el actor suda o si se deben tener más de dos piezas por diseño, son factores fundamentales para que el coordinador prevea lo que se necesitará en la temporada.

Pero el que las piezas se cuiden es trabajo también del actor, según explicó Mario Iván. En una ocasión su madre, la actriz Margarita Isabel, se enojó mucho cuando una compañera en la obra Ana Karenina salió de escena y no levantó la cauda del vestido que llevaba, sino que la arrastró hasta que llegó a su camerino. Eso para ella era una falta de respeto.

En la actualidad, luego de la pandemia del Covid-19, los diseñadores tuvieron que implementar cosas como usar guantes para manipular el vestuario y desinfectante, pero ahora se sabe que lavar la ropa con agua y jabón es más que suficiente y que las piezas que se van a la tintorería se lavan también aunque se saniticen.

Estela Fagoaga dice a los nuevos diseñadores que quieren dedicarse al teatro que comiencen trabajando con gente con experiencia, porque, literalmente los errores se pagan, es decir, si se equivocan al comprar un material o realizar una pieza tienen que reponerlo.

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