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Venvicias

¿De qué se quejan los chamacos?

Juan Rodríguez Contreras

Con disgusto veo que hoy en día, los chamacos se quejan por cualquier cosa. Y es entonces que yo me pregunto, ¿de qué se quejan los chamacos? ¿Qué les molesta? ¿Qué les enfada? ¿Qué les aprisiona? ¿Qué no los deja vivir? Porque hasta eso, he escuchado chamacos imberbes que dicen “estar cansados de vivir”, o que la vida que llevan “no es vida”, y sobre todo refunfuñan de no tener los recursos para conseguir lo que quieren. ¿Y qué es lo que quieren los chamacos? ¿Diversión? ¿Una vida de lujos? ¿Pasiones? ¿Vicios? ¿Desenfrenos? Creyendo tal vez que el mundo se va acabar.
Definitivamente los tiempos han cambiado mucho, y los chamacos también. Aunque hay cosas que no cambian nada, como eso de pensar que el mundo se va acabar.
Porque desde que yo era chamaco he escuchado que el mundo se va acabar, y nada que se acaba el mundano mundo, para beneficio de quienes ya aprendimos a vivir en él, y que somos de las generaciones que tal vez igualmente nos quejábamos, pero a la vez aceptábamos vivir como estábamos, pues a fin de cuenta la vida era, y sigue siendo, bella.
Porque yo soy de aquella generación que batalló para lograr los éxitos, en tiempos en que tener éxito era justamente un gran éxito. De una generación donde se batallaba bien y bonito para “vivir bien”, y donde las carencias estaban a la orden del día.
Baste saber que antes los servicios sanitarios estaban en los patios de las casas, no dentro como ahora, con la comodidad que eso produce, sobre todo en tiempo de frío. Las televisiones eran pequeñas, en blanco y negro y con muy pocos canales, contrastantes en mucho a las enormes pantallas que hoy hay en las casas, con inmensos canales, y aún los chamacos se atreven a decir “que no hay nada que ver en la televisión.
Comíamos casi lo mismo todos los días: el clásico huevo, ya fuera con chorizo, salchicha, papas, en migas, sin faltar los frijoles. Y si refunfuñabas simplemente te quedabas sin comer, no que ahora los huercos quieren pizzas, hamburguesas, alitas de pollo, compradas en los restaurantes de la localidad, lo que representa un gasto mayor. Y si no se los compras dicen que no les quieres dar de comer. ¡Pues come lo que hay y punto!
La ropa nos las compraban de segunda mano, muchas veces hasta raída del uso, lo mismo que el calzado, mientras que hoy los niños y jóvenes quieren ropa buena y de marca, y entre más cara esté mejor, según ellos, porque pueden presumir más, como si eso importara mucho. Y lo principal de todo, obedecías porque obedecías, si no te arriesgaban a una paliza, y no había nadie que se metiera a defenderte, no había esos dizque derechos humanos, es más ni los abuelos se metían, porque sabían que si te estaban reprendiendo era por tu bien. Hoy en cambio los huercos hacen lo que quieren con sus padres y hasta los amenazan con irse de las casas si les dicen algo, y ahí están los padres sometidos. Antes que esperanzas que le dijeras algo así a tu madre, pues ella misma te sacaba tus garras a la calle, y eso si bien te iba, porque si no te sacaba de la casa solo con lo que llevabas puesto.
Por eso me sigo preguntando, ¿de qué se quejan los chamacos de ahora? Si lo tienen todo, solo que no se dan cuenta de ello. O si se dan cuenta simplemente y sencillamente piensan que se lo merecen, cuando no es así.
Creen que la vida es fácil, y lamentablemente lo creen porque así se los hemos hecho creer, ya que les hemos dado todo, facilitándoles así el estar en esta vida, cuando en la realidad es que tienen que ganarse todo lo que quieren, pero por el camino del bien, no por la senda del mal, ya que como es claro una vida fácil conlleva a una fácil partida del mundo terrenal.

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