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Dejeme y le platico de un libro

De Política, Administración y Resultados

Jaime Elio Quintero

CONTRATAQUE
Ríos de tinta y muchas horas de palabras, conceptos e ideas han corrido durante poco más de un año que han durado las amenazas, insultos y tropelías de este sujeto (Donald Trump), al que no se le puede decir ni señor, ni presidente, ni republicano. Señor, porque este pronombre reverencial se le adjudica a quien lo merece, en señal de respeto y reconocimiento social y moral. Presidente tampoco, porque proviene de una elección cuestionada y minoritaria, que de antemano lo hace jefe de un Estado que no lo estima ni admira. Republicano menos aún, por ser un simple comerciante sin ideología ni causa social justa.

Traigo a cuento este tema, no obstante haber sido y seguir siendo multicomentado y discutido hasta el hartazgo en todo el mundo, no solo en México, por la sencilla razón de que a raíz de tanta amenaza e insulto dicho y redicho por tipo (Donald Trump), en la sociedad mexicana se ha formado un sentimiento y recelo anti-presidencialista, debido pienso yo, a que el gobierno mexicano no acierta a formular una respuesta que ponga en alto la dignidad y el orgullo del pueblo mexicano.

Esto es grave en términos políticos y de unidad nacional, porque nos pone de espalda a la historia, en un momento aciago, como hemos tenido muchos, en los que la dignidad nos ha puesto de ejemplo ante el mundo. Hoy la gente se siente desconcertada, en el centro de una crisis económica y financiera, padeciendo un régimen de desigualdad social cercano al existente en el Porfiriato. Desigualdad que siempre hemos tenido, pero que siempre también, hemos querido erradicar.

En un momento en que las ambiciones por el poder se desatan, ante la proximidad de la elección federal de 2018, en el que el tema de la corrupción se ha erguido como apreciada bandera electoral, un momento en que se piensa que la dignidad nacional se ha perdido o está en riesgo de perderse por la noción social de que tenemos un gobierno omiso, no contestatario y sumiso ante la blasfemia del emperador rubio del norte (así es como se comporta Donald Trump, como un emperador).

Luego entonces, viene al caso recuperar aquí, un reciente video difundido por personas de la sociedad civil, sin dejos ni sentido electoral, pero lleno de lógica, verdad, pasión y sentido humano, que da gusto ver y escuchar, bien sea como analogía a seguir o simple metáfora formativa que enaltece y dignifica.

Se trata de un padre dolido por la pérdida de su hijo que, en un acto de heroísmo, muere al salvarle la vida a sus compañeros soldados del ejército norteamericano. Le envía un mensaje este padre, de apariencia judía, notablemente afectado por el dolor, parado ante miles de asistentes, al sujeto (Donald Trump), en ocasión de las honras fúnebres, y frente al féretro de su ser querido:

“Como muchos inmigrantes, llegamos a este país sin nada, tuvimos fe en la democracia Americana. Con trabajo duro, hemos contribuido a la grandeza de este país, día con día, sin queja ni reclamo. Mi hijo quería ser abogado militar, hizo a un lado su sueño por acudir en ayuda de sus compañeros de armas, siempre en atención al deber, al sentido humano y al alto valor de la vida de sus compañeros. Este es un ejemplo de sacrificio y compromiso con la patria. Yo le digo a Donald Trump, como jefe de las fuerzas armadas: ¿Ha leído la Constitución de Estados Unidos?, si no es así, yo le facilito la copia mía, y busque en ella la palabra ‘libertad’. Usted ha discriminado sin derecho, a musulmanes, judíos, etnias, mujeres y naciones enteras.

¿Le pregunto? Usted ha visitado el cementerio de Arlington, allí podrá ver decenas o cientos de miles de tumbas de todas las razas, creencias, costumbres y convicciones, todas son de estadunidenses que han muerto por los valores y principios de esta gran nación. Usted en cambio, no ha perdido nada ni a nadie. No sabe lo que ha costado construir esta nación. Usted habla de deportaciones, de construir muros, de segregación racial y de muchos antivalores. Usted no tiene ningún derecho que no sea el de servir al pueblo americano, de ser útil a esta nación. No tiene ningún derecho a sembrar el odio, dividir y confrontar entre sí, al pueblo norteamericano.”

Este es un pequeño extracto de tan sentido y verdadero discurso, que convoca a la disidencia, que mueve corazones y sentimientos, más que por la lamentable pérdida de un buen soldado, por la dignidad y alto significado que tienen los derechos civiles de una nación emblemática en ese sentido.

A esto es precisamente a lo que me refiero en esta colaboración periodística, a la dignidad que parece hemos perdido o estamos perdiendo los mexicanos, ante un gobierno falto de liderazgo, titubeante y ausente de respuestas dignas y consecuentes con el sentir popular. Es hora, señor presidente, gobernadores y alcaldes, líderes sociales y formadores de opinión pública, de alzar la mano y respaldar el prestigio y la dignidad nacionales. El sujeto Trump no es un emperador, aunque se comporte como tal. La calle siempre es una buena opción, ante la insolencia y el agravio de un dictadorzuelo.
NOS VEMOS Y LEEMOS EL PRÓXIMO MARTES.

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